Peligro de extinción


Artículo escrito por Mikel San Martín, profesor de Educación Secundaria de Biología. Publicado originalmente en la revista Debate educativo, año IV, 2026, pp. 15-16.

Como profesor de Biología no creo que sea una persona especialmente autorizada para opinar sobre la discusión actual sobre la prohibición del uso de dispositivos móviles en los centros, pero cuando los compañeros de Debate educativo me pidieron que explicara mi postura desde la perspectiva de mi especialidad no pude negarme.

¿Qué tiene que aportar la Biología a este asunto? En primer lugar, se han publicado recientemente numerosos estudios biopsicológicos sobre los efectos perniciosos de las “pantallas” sobre el cerebro de los niños y jóvenes, aunque considero que tomar cartas en este asunto no debería corresponder al sistema educativo, sino las autoridades de salud pública, pues, si se trata de un problema sanitario, de poco sirve prohibir los móviles en la escuela cuando al salir de ella los niños están totalmente “empantallados”.

Sobre esto ya se está debatiendo intensamente, así que no voy a profundizar mucho más allá de dejar al final de este escrito una serie de enlaces para quien esté interesado en el tema.

Además, obviamente, para poder afirmar o negar algo científicamente es imprescindible haber realizado una investigación rigurosa y suficientemente amplia, algo que no he tenido la oportunidad de hacer.

Sin embargo, aunque no puedo hacer aportaciones desde el trabajo de campo, sí que puedo aportar una reflexión general desde mi formación como biólogo y desde mi actividad diario como docente de Secundaria.

Más que una aportación es una pregunta. ¿Qué consecuencias puede tener para una especie determinada un cambio en su hábitat que comprometa las características evolutivas y adaptativas que le habían permitido triunfar en él?

Concretemos. A lo que me estoy refiriendo es al futuro biológico de una especie que ante un cambio ve comprometidos sus mecanismos de adaptación al medio.

Concretemos con dinosaurios, que siempre llaman mucho la atención. Cuando se produjo el evento o la cadena de eventos que desencadenaron la extinción masiva del Cretácico-Paleógeno, se acepta generalmente que las primeras especies que se extinguieron fueron aquellos enormes saurios cuya principal ventaja evolutiva, el tamaño, se había convertido de repente en un hándicap insuperable.

Se han ofrecido diferentes explicaciones a las dimensiones colosales a las que llegaron especialmente los saurópodos durante el Jurásico: una protección más eficaz contra los depredadores, la relación entre tamaño y longevidad (algo actualmente en revisión), la mayor eficiencia energética de sus inmensos cuerpos o el mejor aprovechamiento que su sistemas digestivos hacían del alimento debido al mayor tiempo que pasaban en él.

Y repentinamente esas ventajas se convirtieron en un problema sin solución. Por ejemplo, de poco sirvió en el nuevo contexto paleógeno de escasez de alimento tener un sistema digestivo sumamente eficiente si la cantidad requerida para la subsistencia excedía los límites del nuevo hábitat.

Aplicando esta idea a nuestra especie, el Homo Sapiens Sapiens, es ampliamente admitido que nuestras ventajas evolutivas principales han sido, por un lado, nuestro carácter social que nos permitió extendernos por entornos más amplios e intercambiar innovaciones e ideas, y, por otro, nuestra adaptación a las variaciones climáticas y medioambientales.

Cuando veo el panorama de las aulas, a veces creo que se nos está poniendo cara de dinosaurio justo antes de caer el meteorito.

Lo paradójico es que el meteorito lo estamos creando nosotros mismos: si a un ser eminentemente social y que solamente ha sido capaz de desarrollarse evolutivamente por su adaptabilidad lo sometemos a unas condiciones de vida dominadas por el aislamiento (¿cuántas personas se ensimisman tanto con el móvil que dejan hasta de responder a los demás cuando les hablan?) y por la inmediatez (¿a quién no le han dicho los alumnos y alumnas en clase que un vídeo de 10 minutos es demasiado largo?) cabe preguntarse por su viabilidad futura.

Ojalá seamos capaces de emplear nuestra otra gran virtud como especie, la inteligencia, para revertir esta situación, porque sería un disparate destruir nuestra capacidad social y nuestra resiliencia como especie creando unas condiciones de vida evidentemente perjudiciales para nuestras posibilidades futuras.

Aunque aquí surgiría otra pregunta: ¿qué destino le espera a una especie que se pone en peligro de extinción a sí misma destruyendo su hábitat y además lo hace a sabiendas porque no es capaz de modificar ese comportamiento autolesivo? Pero ese ya es otro tema… o no tanto.


PARA SABER MÁS

  • Lahti, H., Kokkonen, M., Hietajärvi, L. et al. (2024). Social media threats and health among adolescents: evidence from the health behaviour in school-aged children study. Child Adolesc Psychiatry Ment Health 18, 62. https://doi.org/10.1186/s13034-024-00754-8
  • Madigan S, Browne D, Racine N, Mori C, Tough S (2019). Association Between Screen Time and Children’s Performance on a Developmental Screening Test. JAMA Pediatrics, 173(3), 244–250. https://doi.org/10.1001/jamapediatrics.2018.5056
  • Ra CK, Cho J, Stone MD, et al. (2018). Association of Digital Media Use With Subsequent Symptoms of Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder Among Adolescents. JAMA, 320(3), 255–263. https://doi.org/10.1001/jama.2018.8931
  • Uncapher, M. R., Lin, L., Rosen, L. D., Kirkorian, H. L., Baron, N. S., Bailey, K., Cantor, J., Strayer, D. L., Parsons, T. D., & Wagner, A. D. (2017). Media Multitasking and Cognitive, Psychological, Neural, and Learning Differences. Pediatrics, 140 (Suppl 2), S62–S66. https://doi.org/10.1542/peds.2016-1758D
  • Weatherhead, D., & White, K. S. (2021). Toddlers link social and speech variation during word learning. Developmental Psychology, 57(8), 1195–1209. https://doi.org/10.1037/dev0001032

Mikel San Martín es Licenciado en Biología por la UBE, profesor de Secundaria en el IES Víctor Quintanar de Betusta y colaborador habitual en Debate educativo.