Siempre me han gustado las metáforas cotidianas, esas formas que tenemos los hablantes de un idioma de jugar con una palabra y hacer que cobre un sentido nuevo que acaba resultándonos tan familiar que casi se nos olvida el significado original del término o la expresión en cuestión.
Una de mis favoritas es “me hierve la sangre”. Me parece potente, sensorial, incluso física. Utilizada cuando corresponde, casi puede hacerte sentir burbujitas sanguinolentas recorriendo las venas y arterias de tu interior mientras la ira irradia ardiente desde el pecho hasta las manos que se crispan ligeramente, hasta las piernas que amagan con arraigar en el suelo como defensa frente a lo que venga, hasta las mandíbulas que se aprietan en una dentellada dispuesta.
Sé que es algo que hago con ustedes muy a menudo, aunque en el fondo un blog supongo que va de eso, de confesar y confesarse, como una especie de diario exhibicionista o un examen de conciencia con público pelín voyeur.
Les confieso que me hierve la sangre. Si en mi última publicación les decía que se percibían ciertas sintomáticas “huidas” de varios actores mediáticos y administrativos en la inmensa injusticia que se ha cometido con Rebollo, hay otros agentes en el caso que no parecen estar dispuestos a dar marcha atrás y siguen obstinadamente esparciendo acusaciones infundadas contra el pobre chivo expiatorio que aún no ha sido puesto en libertad y contra mi persona por defenderlo.
A estas alturas ya conocerán todos ustedes la trayectoria de Iñaki Giráldez y sus secuaces, ¿no? En sus inicios, se presentaba como un insobornable adalid de la verdad científica frente a curanderos, espiritistas, ufólogos y otros especímenes del misterio y lo paranormal. El señor Gaitán-gaitancito-gaitancete, su más afamado reporterillo tribulete, se hizo bastante conocido por sus tensas entrevistas a personajes que afirmaban proceder de otras galaxias o que aseguraban que habían sido abducidos por objetos volandores no identificados en los cuales habían sido sometidos por hombrecillos verdes y cabezones a experimentos científicos con tintes de fantasía sadomasoquista.
Después llegó el boom de las tertulias y Gaitán dejó de hacer entrevistas para hacer una especie de reportajes con declaraciones muy breves y recortadas con un poquito de mala intención y muchas ganas de crear polémica sensacionalista (se lo dice alguien que conoce bastante bien el oficio). Eso, unido al auge de todo tipo de negacionismos a cual más delirante, ocasionó que quienes habían sido a menudo ridiculizados cruelmente en el programa pasaron a formar parte de sus paneles de tertulianos, que tan pronto opinaban sobre el perfil psicológico del estrangulador de Boston como afirmaban poseer inquietantes pruebas de que los cardos borriqueros podrían ser una especie alienígena invasora procedente del planeta Ganímedes.
Ya han comprobado que el nuevo género de interés del programa del señor Giráldez es la crónica de crímenes, cuanto más truculentos mejor. Espero que mis compañeros y compañeras de la tertulia informal del Acapulco no les importe que comparta con todos ustedes el término que utilizamos para referirnos a esa tendencia periodística que combina lo peor del antiguo periódico El Caso con las modalidades más extremas del clickbait y de la búsqueda de la viralidad en redes. Lo llamamos “trucucrimen”, jugando con el concepto truecrime que tanto daño ha hecho a tanta gente (Rebollo entre ellos), con “truculencia”, que parece ser su principal elemento de enganche para la audiencia, y con “truco”, porque suelen emplear las peores tretas de la profesión para alargar temas que ya no dan más de sí, para inflar casos con medias verdades, sospechas infundadas y hasta con bulos intencionados, etcétera.
Si ya normalmente me hierve la sangre con los “trucucrímenes”, imaginen cómo me siento ahora después de haber sido aludido ayer en la tertulia trucucriminal por antonomasia. Me sorprende que ayer mi sangre no se vaporizase instantáneamente cuando el impresentable de Robert Gaitán me mencionó en la infame tertulia de Próximo Confín con las siguientes palabras que me he tomado el trabajo de transcribir literalmente para que nadie pueda acusarme de estar tomándome demasiado a pecho la situación:
Sí, Iñaki [Giráldez, presentador y director del programa], como bien has dicho, tenemos novedades… eh, eh, digamos, eh, eh, impactantes sobre el caso del dedo del diablo. Bueno, ya son los dedos del diablo, los DEDOS, que ya son dos los dedos que han… eh, aparecido en el parque Pilones de Betusta. Hemos podido saber por ciertas fuentes que se está siguiendo con, digamos, eh, eh, gran interés a un periodista de la ciudad llamado Rubén Martín, que es amigo personal del acusado del caso, sí, del señor Íker Rebollo. Mmm, son amigos de la infancia, del barrio, del barrio de La Magdalena, una barriada humilde frente al parque pero del otro lado del río. El caso es que este nuevo sospechoso ha estado defendiendo todo este tiempo a su amigo, atacando a los periodistas que cubrimos el caso desde una página anónima de internet y creando perfiles falsos en redes. ¿Lo hace por amistad? ¿Pero cómo puede ser alguien amigo de una persona que va cortándoles los dedos a tus vecinos con unas tijeras de podar? ¿Y si hay algo más? Ya sabemos de las inclinaciones de Rebollo, no sería raro que compartiera algunas de ellas con su amigo, digo yo. Lo hemos visto recientemente en el caso del coleccionista de huesos argentino, Matías Jurado, “el Machetero”. Por mucho que nos quieran intimidar vamos a seguir contando la verdad desde este programa, con la libertad que es nuestra señal de identidad y con la valentía de decir las cosas que los poderosos no quieren que digamos.
¿Por dónde empezar? Con gente así es imposible, en serio. Sí, claro que han aparecido dos dedos en el parque Bartolomé Fernández Arellano, que ese el nombre oficial del lugar, aunque la gente de Betusta lo llamamos “el parque del río” y solemos añadir para los foráneos “río Pilones” para que no se confundan con la Avenida del Río Coruello, que es un arroyo que el siglo pasado fue canalizado y parcialmente soterrado para poder construir ese bulevar. Vamos, que en las semanas que ha estado ese hombre rondando por aquí y molestando a todo el personal con sus preguntas absurdas no se ha enterado de que en Betusta no tenemos ningún “parque Pilones”.
Bueno, es una minucia, pero me apetecía contarlo y empezar por ahí. No sé de qué fuentes habla para decir que se me está investigando. Serán la fuente de whisky de la que bebe antes de entrar al programa y la fuente de desinhibición artificial y dilatación pupilar que inhala cada tres horas, porque las fuentes policiales a las que tengo acceso solamente me trasladan que se están teniendo en cuenta “tímidamente” las informaciones que he ido aportando al caso en este blog.
Blog, esto es un blog, Gaitancillo. Ya sé que está un poco pasado de moda, pero no es en ningún caso “una página anónima de internet”. Coño, que firmo cada una de las entradas con mi nombre y apellido y cuento aquí quizás muchas más cosas de las que debiera. Y tergiversar la estrategia de investigación digital de Íker y de su sobrino para decir que desinformo a través de perfiles falsos de internet es un poco exagerado, creo.
Sí, Jenny19 no existe, pero tampoco creo que exista Carmelo Cotón, ni que el gato Mau publique sus propios posts, ni que la mayor parte de seguidores en Instagram de Próximo Confín sean usuarios reales. ¿A cómo está el kilo de bots, Iñaki? Pues eso, no me cuenten ustedes historias.
Ay, “la barriada humilde de La Magdalena”. Lo que usted quiera, señor Gaitán, pero la última vez que vino a tocarle las narices a esa gente “del otro lado del río” le corrieron a gorrazos y si no acabó en el estanque de la plaza del tren fue solamente porque estaba vacía. Por algo será, digo yo. Y si miento, venga mañana al barrio y vuelva a preguntar a quien quiera por Rebollo o por mí o por nuestras familias como ha tenido el descaro y la desvergüenza de hacer anteriormente y emita en el programa lo que le respondan. Ah, que no le viene bien esta margen del río y prefiere irse a los barrios nuevos del otro lado de la circunvalación donde el personal llega a las ocho de la tarde de trabajar, ni siquiera conoce a sus vecinos y se informa por Facebook y por grupos de Whatsapp.
Ya termino, lo prometo. ¿”El Machetero”? ¿En serio ha relacionado un caso en el que han aparecido dos dedos cortados aún no sabemos ni cómo ni de quién con un asesino en serie que, según una noticia de un diario argentino que acabo de consultar, tenía en su casa huesos humanos, fragmentos de piel, sangre e incluso una nariz? Supongo que todo eso lo contaría con abundantes detalles y con alguna recreación digital realista y truculenta hecha con inteligencia artificial en el programa que le dedicaron la semana pasada a “las villas del horror argentinas” que no he tenido el estómago de ver.
En fin, si no me he desangrado ni me he volatilizado escribiendo esto, creo que ya no voy a hacerlo nunca por mucho que me indigne, así que paso página y me comprometo formalmente a no dedicarle a estos tipos más atención porque es de lo que viven.
Recuerden, pueden firmar nuestra petición contra el amarillismo y el intrusismo en Betusta (http://www.chains.org/contra-el-intrusismo-y-el-amarillismo-en-betusta) y, si tienen a bien, dejen de seguir a todos estos señores y bloqueen sus cuentas en todas sus redes sociales. Eviten el riesgo de que su sangre se les amorcille en las venas y nieguen a estos tipejos la atención que desean, de la que viven y que no merecen de ninguna manera.

