Aquí todo el mundo quiere escurrir el bulto. Hace unos meses un conocido analista político escribió algo en este sentido. Venía a decir que el modo de gestión patrio en cualquier asunto complicado se basa en: primero, negar que exista el problema mientras se reza a todo el panteón disponible para que el problema se solucione solo; segundo, llevarse las manos a la cabeza y poner cara muy seria cuando el asunto no se arregla; y tercero, buscar el modo de crear la confusión suficiente para escapar del tema sin asumir responsabilidades y, si es posible, echar la culpa a algún rival o, simplemente, al primero que pase por ahí. Hace poco escribí sobre la tinta de calamar y la huida, creo recordar. Pues eso.
En la acusación contra Rebollo lo hemos podido ver claramente. Los primeros días, silencio, reforzado convenientemente por la muy betustense obsesión por aparentar frente a cualquier foráneo bien vestido. Después, alarma sobredimensionada y locura general. De postre, cargar con el muerto (sin saber si hay muerto o no lo hay, todo hay que decirlo) al primer infeliz que aparezca.
Todo habría salido a pedir de boca con esta betustiana receta para resolver cualquier crisis si no hubiera sido por este humilde espacio de verdad y protesta y por todos ustedes que han ido visitándolo de vez en cuando. No me importa si lo han hecho ustedes por morbo, por curiosidad, por solidaridad con una persona injustamente acusada o por una honesta voluntad de que este misterio no se cierre en falso. El caso es que esta voz que hemos alzado, aunque sea una voz digital y confusa, ha mantenido el caso abierto y ha ido imponiéndose poco a poco sobre los chillidos de las hienas y los graznidos de los cuervos que merodean por nuestra ciudad atraídos por la carroña informativa que ha generado el tema de los dedos cortados.
Primer punto de fuga: Rebollo va a salir de prisión la próxima semana. Esto es lo que me aseguran mis fuentes judiciales. La medida va a ser decidida por un órgano colegiado como es la Sala de lo Penal del Tribunal Superior de Justicia de Betusta en forma de revisión de oficio de la decisión del juez instructor original del caso. Jugada ganadora: decisión colectiva, responsabilidad diluida; intervención de oficio, parche sin debate; tecnicismo legal, mancha de tinta.
Segundo punto de fuga: ¿han percibido ustedes la sutil variación en el lenguaje utilizado por la prensa local para referirse al pobre Rebollo? No digo ni que antes hubiera una voluntad acusatoria ni que ahora la haya exculpatoria, pero antes se referían a él como “el único acusado por el caso” y ahora se habla de “las cuestionables acusaciones contra un conciudadano betustense”.
“Cuestionable”, haciendo recaer la atención sobre las preguntas y no sobre las instancias a las que deberían dirigirse. “Conciudadano”, uno de los nuestros, clan, tribu.
Quizás los periodistas en el fondo tengamos más poder del que nos hacen creer. Es cierto que no podemos ser el cuarto poder que antes se creía que éramos porque en el fondo vendemos nuestras palabras y las tenemos que vender muy baratas y a intereses muchas veces bastante oscuros, eso es innegable, pero aún nos queda cierto margen para elegir qué palabras ponemos a la venta y cuáles dejamos fuera de nuestros textos. Nos iría mucho mejor si guardásemos bien al fondo del cajón muchos de los términos categóricos y dramáticos que solemos emplear últimamente y optásemos por un lenguaje más matizado y responsable.
Tercer punto de fuga: nuestra edil anoche no estuvo en la infame tertulia de Próximo Confín por “motivos de agenda”. Alguna cena de trabajo repentina. Seguramente con calamares en su tinta como plato principal.
Cuarto punto de fuga: el tema que anuncia el programa Investigando para mañana es el problema de las granjas clandestinas de sapos bufos que la DEA norteamericana cree que podrían llegar a extenderse por América del Sur y Europa. No creo que vea el programa, aunque indudablemente es un asunto muy alarmante que alguien pueda tener la ocurrencia de montar un criadero de Incilius alvarius, la única especie de sapo bufo que secreta bufotenina, como bien se encargan de explicar en el anuncio que he visto hace un rato. Supongo que, como acostumbran a hacer, en el reportaje darán una completísima información sobre las necesidades ambientales y nutricionales del anfibio en cuestión y cómo alguien podría replicarlas en su propia casa si tuviera la terrible y desaconsejable idea de meterse a criador de bichos alucinógenos. Todo muy responsable y edificante. Si alguno de ustedes lo ve y quiere hacer una reseña sobre el tema, tienen a su disposición la sección de comentarios del blog. Ya saben, por favor, no se insulten, ni me insulten a mí, ni pongan cosas que puedan hacer que acabe en la cárcel.
El caso es que por primera vez en semanas no hay ningún “impactante descubrimiento sobre el caso de los dedos del diablo” ni “información de primera mano desde Betusta en torno al misterio de los cortadores de dedos”.
Tinta de calamar, baba de sapo, qué mas da, el caso es que todo el mundo mire en otra dirección (y aún mejor si lo hace con mirada alucinada) mientras borramos las huellas del vergonzoso camino que hemos estado recorriendo hasta hace unas horas.

