III.1 – Tinta de calamar

Algunos escriben con tinta de calamar. Tinta de camuflaje, tinta de miedo, tinta de huida.

Si vuelvo, no es para huir, no es para temer, no es para esconderme.

Reabro el blog porque no quiero seguir escondiéndome ni puedo hacerlo.

Alguien sabe dónde vivo, ¿y qué? También sabrá dónde trabajo, y no creo que, sean quienes sean las personas que me amenazaron, puedan hacerme algo peor que lo que me han hecho ciertos supuestos colegas de profesión.

Ellos no son calamares que lanzan tinta para poder escapar. Son enormes torbellinos de inmundicia que solamente aspiran a inundar la zona de mierda, como dice Steve Bannon sobre la política.

Estos supuestos colegas han llenado Betusta con su mierda y han conseguido crear la espiral de alarma y locura que pretendían. Ahora todo el país mira a Betusta fascinado por cada giro de guion que se inventa el reporterucho de turno al que las mesas de análisis de los platós dan pábulo elucubrando sobre sus posibles consecuencias sin ni siquiera saber si es algo cierto o es un mero rumor.

Así es como me he visto obligado a escribir de nuevo, ahora ya no para defender a Rebollo, que sigue siendo totalmente inocente, sino para defenderme a mí mismo. Si han visto ayer Próximo Confín, ya sabrán que ahora resulta que soy sospechoso de ser cómplice e imitador del crimen inicial.

Según el reportero Gaitancete, que en todas partes se mete y sobre todo donde no le compete, “las autoridades manejan la teoría de que un conocido periodista local estaría involucrado en la primera amputación como cómplice del único acusado y habría intentado exculparlo imitando este primer crimen mientras el primero sigue en prisión”.

Dejando a un lado el nefasto estilo del señor Gaitán, tengo que aclarar que todas mis fuentes policiales y judiciales me han desmentido categóricamente que exista ninguna sospecha de ese tipo sobre mí. Así pues, las “autoridades” a las que hace referencia Robert el chafardero deben ser su testículo izquierdo y su testículo derecho. Vamos, que ha soltado en televisión ante una audiencia de cientos de miles de personas lo que le ha salido de los huevos.

Disculpen el exabrupto, pero no lo soporto más. ¿Por culpa del amarillismo de unos tipos que subastarían a sus madres a cambio de unas décimas más de audiencia o de un puñado de visualizaciones en Youtube tengo que poner en riesgo mi carrera profesional y quizás también mi vida para desmentir la ocurrencia de un fulano que vio anoche un episodio viejo de CSI y ha pensado que sería un buen giro de guion para el caso ponerme a mí como cómplice e imitador del crimen?

¡¡Que esto no es un guion!! ¡¡Rebollo está en la cárcel porque las televisiones han enmierdado este asunto hasta el punto de que la Justicia no se ve capaz de dejarlo libre si no hay otros acusados con los que calmar el miedo de la gente!!

Esto es real, somos personas de carne y hueso, no personajillos de una historieta en la que cuanto más drama, más fama.

¿Quién va a devolverle a Íker Rebollo el tiempo que pase en prisión? ¿Quién va a pedir perdón a su madre por ese dolor en el alma que está acabando con ella poco a poco? ¿Va a disculparse Gaitán en el programa por haber dicho la barbaridad que ha dicho sobre mí y que me está obligando a volver al lugar del que tuve que huir?

Bueno, el caso es que ya me tienen aquí de nuevo. La pausa ha sido realmente breve. Menos mal que, en un arranque de valor frente a la amenaza de quien se esconda tras el perfil de Pequeña Magia, no borré el blog. Espero que ustedes tampoco hayan dejado de seguirlo.

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