II.5 – Vamos a ver

Vamos a ver, betustaladrados queridos. ¿Cómo va a ser el dedo del parque el del cortador de jamón de la fiesta del fin de semana si apareció antes de la gala?

¿Existen los dedos viajeros en el tiempo y no me he enterado? Según esta teoría, De la Rúa, además del superpoder de beber champán caro a morro y liarla pardísima, ¿tendría la capacidad de enviar objetos al pasado para ocultar sus excesos? A ver si ahora sus pelis van a ser documentales y no ha mostrado todos sus poderes por modestia…

Es que vaya panorama… Primero hacemos como si no hubiera pasado nada para que no se hable mal de la ciudad mientras estamos con el tema de la entrega de premios y después nos volvemos locos a chismorrear idioteces sin sentido.

Menos mal que Rubén está con el blog para poner un poco de orden. No creo que le lleguen muchas visitas de mi parte porque esto ni lo lee ni lo va a leer nadie, pero, por si acaso, dejo en enlace en los banner y AQUÍ.

En momentos así me arrepiento de no haberme ido a la capital cuando pude. Allí habrá otros problemas, pero este ambiente de estupidez galopante no creo que se note tanto como aquí. Si no fuera tan triste, me reiría.

Lo de la secta satánica es de coña. Oh, Satán, te invoco con este dedo sacrificial y este pentáculo que he dibujado con un palitroque sobre la arena del parque… ¡Coño! Ahora que lo pienso, a lo mejor el satanista es fan de Iron Times y el dedo es de una virgen de la estirpe de los antiguos elfos oscuros y por eso sirve para invocar espíritus malignos. Flipaos así haberlos haylos. Vanpiro esiten.

Pero es mejor todavía la teoría del atentado terrorista ocultado por las autoridades. Esa se la contaba en el portal el facha del cuarto al presidente de la comunidad como otra prueba de que el malvado gobierno nos manipula para quién sabe qué. Soy incapaz de imaginar cómo se puede tapar un atentado suicida en pleno centro de tu propia ciudad sin que quede ni una sola prueba. Debe ser que los aparatitos de Men in Black existen de verdad y que la poli de Betusta ha comprado unos cuantos para borrar la memoria a toda la gente que vio cómo un hombre explotaba en mil pedazos. También debe haber equipos de limpieza de los servicios secretos que trabajan especialmente bien y rápido, aunque esta vez se les escapó un dedo que apareció en el parque, gracias a lo cual el del cuarto sabe que existe una confabulación cósmica para algo muy secreto y muy terrible que “ahora no te puedo contar porque tengo que ir a comprar el pan, pero que estos cabrones algo traman, fijo”.

Esta otra es un troleo de los colegas de Diego, seguro. Llevan meses con chistes macabros sobre aficioncillas raras desde que vieron en Psicología algunas filias chungas. El chiste del gatito, el sádico, el masoquista, el asesino, el necrófilo, el zoófilo y el pirómano me lo ha contado Diego un millón de veces. Me los imagino en el recreo contado la rayada del caníbal alemán ese que quedó por internet con otro que tenía la fantasía de ser devorado y después soltando todos paridas sobre lo que pasaría si el dedo del parque fuera el único trocito que había quedado de un tipo al que otro había descuartizado para tener reservas de carne de señor en el congelador. Y de ahí a que alguien escuche la conversación y se la tome en serio en Betusta no hay mucho trecho, la verdad. Más o menos el mismo que hay desde el parque hasta el instituto, que se lo digan al de Literatura, que según cuenta Diego debe tener la clase siempre vacía los viernes. Con lo que me gustaba a mí… Esta juventud…

Y, hablando de literatura, vayamos con los clásicos. Ya tenemos nuestra versión local del Pizzagate, que en Betusta ha adoptado forma de Kebabgate. Si el señor del kebab de la esquina del parque tiene algo que ver con una red de secuestradores pedófilos conectados con las élites mundiales el que se corta un dedo soy yo. Hasta han modificado una foto de la carta del sitio para identificar qué macabra y perversa relación habría entre los menús y los supuestos servicios clandestinos que se ofrecen a través de él. Y lo peor de todo es que hay personas que conozco que la difunden y que dicen que cuando el río suena agua lleva.

Bueno, tampoco es de extrañar, porque una de esas personas me juró por lo más sagrado que había visto con sus propios ojos lo de Ricky Martin y el perro.

Está claro que en Betusta la afición por las leyendas urbanas es inversamente proporcional al conocimiento de las leyendas locales, porque en la ciudad nadie parece haberse dado cuenta de que, a la hora de buscar coincidencias o explicaciones a lo del dedo, el único rumor que podría haber llegado a tener cierto sentido habría sido alguno que hiciera referencia a la leyenda del Santo Dedo del apóstol Santo Tomás que, según algunos, habría sido traído de Italia a Betusta durante la Segunda Guerra Mundial mientras los aliados intentaban superar las defensas alemanas de la línea Gustav.

Puede que todo eso sea demasiado complicado para dar pie a un rumor contemporáneo, pero creo que para una novela medio histórica medio de misterio sí que daría: una reliquia con misteriosos poderes, una secta ultrasecreta, un tipo obsesionado con la Segunda Guerra Mundial, un par de sicarios sanguinarios y nazis, muchos nazis (de los de las pelis, no de los de hoy en día, que ahora se hacen llamar nostálgicos, supremacistas o conservadores sin complejos).