II.4 – Vaya fiesta

Vaya fiesta… Debe ser cierto eso que dicen sobre que conocer a tus héroes resulta siempre una mala idea. Y eso que no lo he conocido directamente…

Pobres niñas, qué bochorno. Solo de pensarlo ya me pongo enfermo. Por mucha estrella que seas y por muy lamentable que sea la gala a la que te hayan invitado no te puedes comportar así con gente que no tiene culpa de nada.

En todo caso, el único culpable de la situación sería yo, por insistir tanto a Cris y Jess en que nos consiguieran al sobri y a mí una firmita de De la Rúa. Iba a decir que se lo pedí porque a Diego le hace mucha ilusión, pero la verdad es que el tío es mucho más mitómano que el sobrino.

Cómo cambian los tiempos: con dieciséis años yo hubiera matado por un autógrafo de Frank Herbert o por una foto dedicada de Kyle MacLachlan; sin embargo, a Diego ese tipo de cosas parece que le dan bastante lo mismo, pero daría lo que fuera por recibir un like de Maisie Williams a uno de sus dibujos de Arya Stark.

Pues la dichosa firmita ha resultado ser muy mala idea porque De la Rúa ya iba un poco cocidito en la ceremonia y en la fiesta no tardó en ponerse cocido del todo. Y, dejando a un lado que un borracho siempre es un borracho, las borracheras de ciertas personas son especialmente lamentables; por lo visto, las de este hombre deben entrar de lleno en esa categoría.

No merezco que me traten tan bien, está claro. Si por hacerme un favor se atrevieron a pedirle un autógrafo a un tipo que se ha bebido hasta el agua del Pilones es que más que vecinas son amigas y, además de estar más buenas que el pan, son más buenas que el pan.

Pobres… Ellas tampoco es que hayan entrado en el tema, pero Rubén sí que sabe todo lo que ocurrió en la fiesta. Obviamente, mucho más de lo que ha publicado en su crónica, porque en la hoja parroquial no caben detalles escabrosos que pueden dejar en mal lugar a las celebridades foráneas con cuya presencia honran el nombre de Betusta. Que después deshonren a los betustenses con alguna que otra salida de tono no importa.

Le daría un puñetazo, lo prometo. Por mucho que hayas bebido, hay ciertas cosas que no se pueden permitir.

Dicen que del amor al odio solo hay un paso y me temo que en este caso tengo que darles la razón a quienes lo piensan y lo declaran, porque el asco que me da ahora mismo De la Rúa no podría ser mayor.

Le podría perdonar ciertos aires de estrella porque lo es; podría disculparle que sea un poco brusco en el trato porque está claro que en sus papeles de violento héroe de acción gran parte no es actuación; hasta podría llegar a entender que mantuviera la distancia con el público por el coñazo que damos casi siempre los fans. Pero el detalle que nunca engaña sobre cómo es en realidad una persona es cómo trata a los camareros.

A ver, podría dudar sobre cómo me han contado Jess y Cris lo que ocurrió porque De la Rúa acababa de decirles un par de salvajadas que suenan mucho peor en inglés que en español, aunque sé perfectamente que cualquier día en los chats les dicen barbaridades mucho peores y ellas nunca se lo han tomado mal.

De las habladurías de bar nunca me he fiado y no voy a empezar a fiarme ahora, y mucho menos en Betusta, que, a juzgar por todo el asunto del dedo cortado, debe ser el lugar menos fiable del universo.

Pero de la versión que da Rubén sí me fío al cien por cien. Otra cosa es que no la pueda publicar en el periódico porque de las estrellas solamente se habla bien hasta que alguien decide que ya no lo son y entonces se abre la caza de brujas y se pueden airear todos los trapos sucios que se quiera.

Algún día alguien lo contará en cualquier late show como una anécdota divertida, pero no tiene ni puta gracia. No se le puede dar un empujón al cortador de jamón para simular que el jamón es un violín y que el cuchillo es el arco. Tampoco es aceptable sacarse la cola y mangarle a una camarera el abridor de botellas para fingir que estás abriendo the bottle of the love. Y si a quienes les estás ofreciendo la apertura de semejante tarro de las esencias es a Cris y a Jess a lo mejor lo que te mereces es que el arco del violín jamonero pruebe a ver qué tal anda de sonido el cuello de tu botella amorosa. Cabronazo.

Y ya si fuera verdad la versión que cuenta el Johnny que le han dicho que le comentaron a uno que conoce él según la cual el actor se vino arriba con el cuchillo y le acabó rebanando un dedo al cortador de jamón…

Lo increíble es que debe haber bastantes personas (entre ellas mamá) que se han creído esa historia y que dicen que el dedo del parque es del cortador de jamón. Betustaladrada y sus cosas…