II.2 – 8 de mayo

Si nadie quiere hablar de ello, por algo será. Puede que sea incómodo, puede que dé miedo o puede que simplemente no convenga. Una razón tiene que haber para que no se hable en ningún lugar de algo tan impactante como un dedo cortado en un parque. Betusta es una ciudad de chismes, de rumores, de habladurías, de cuchicheos y de secretos. Y resulta que aparece un dedo cortado en pleno centro de la ciudad y todo el mundo calla.

No me lo creo, sencillamente no me lo creo. Alguien o algo está imponiendo el silencio sobre toda esta gente habitualmente obsesionada por el comentario y el chascarrillo acerca de cualquier tema que aparezca en la portada de la hoja parroquial.

Pobre Rubén, cuando le pico con eso siempre me dice lo mismo: el periodismo está muy mal, aunque en el fondo La Nueva Betusta es la cabecera local más decente.

No digo que no tenga razón, pero a estas alturas yo ya no niego que Betusta es una capitalucha provinciana y que sus periódicos cada vez tienen más hojas de sociedad y menos de noticias.

Bueno, hay que reconocer que estos días parece que toda la ciudad quisiera cuestionar lo primero con un despliegue imponente de aparente glamour en torno a la entrega de premios del finde.

Como la mayoría de la gente de aquí, no tengo invitaciones para la gala y como mucho la veré por televisión si a mamá no le apetece poner algún concurso chusco o el debate del reality ese de Antena 2.

A ver, realmente a mí me la suda quién recibe el premio al ciudadano del año o la medalla de oro de medioambiente, pero confieso que me parece un puntazo que Bernard De la Rúa venga a Betusta.

En realidad, todavía no me lo acabo de creer, porque me asombra que, por mucho que su abuela materna fuera betustense, toda una estrella de Hollywood vaya a cruzar el Atlántico para la gala de una fundación de nula relevancia internacional y para un premio tan peliagudo como el que le van a entregar en reconocimiento a toda su carrera cinematográfica.

No sé si fue Berlanga o Azcona quien dijo que esos premios se parecen demasiado a un epitafio prematuro.

Bueno, a lo mejor ni siquiera fue uno de ellos, pero la idea está clara, ¿no? Cuando te dan un premio a toda tu carrera está claro que piensan que no te queda por delante suficiente tiempo como para destrozar tu trayectoria artística iniciando una etapa final llena de proyectos absurdos que te haga caer en desgracia.

Seguramente Rubén tiene razón al enfadarse con la ciudad, con su periódico y con el resto de medios por no hacer ni puñetero caso a la noticia del dedo cortado para darle vueltas todo el rato a la ropa que llevan los famosos en la alfombra roja de la gala, a quién se rumorea que va a ir a la fiesta privada de los premiados y a todo este supuesto glamour que aseguran que se respira por todas partes. Aunque la purpurina en general me da bastante grima, a lo mejor tendríamos que aceptar que toda esta parafernalia de la gala no llega ni a confeti de todo a un euro.

No es por criticar, pero un par de conocidos que han conseguido entradas para la fiesta posgala a través de un contacto van a llevar a la fiesta trajes alquilados y zapatos prestados. Y no serán los únicos, seguro. Elegancia postiza, no se podría esperar otra cosa de esta ciudad.

La lista de invitados tampoco debe ser para tirar cohetes, porque Jess y Cris están cabreadísimas con que hayan invitado a influencers locales con muchísimos menos seguidores que ellas, aunque la verdad es que tampoco me extraña que no las hayan invitado. Cosas de la doble moral, supongo.

A mí solamente me interesaría ir si alguien me garantizase que iba a poder hablar un par de minutos con Bernard De la Rúa para hacerle algunas preguntas que me gustaría soltarle. Seguramente nadie en su entorno de pelotas y aprovechateguis le pregunta nunca nada interesante. Estoy convencido de que, si nos dejasen a sus verdaderos fans preguntarle cómo demonios se le ha ocurrido decir no a la tercera temporada de Valhalla para hacer una puta mierda de peli de superhéroes, despediría inmediatamente a sus representantes y volvería a llevar él mismo las riendas de su carrera y a elegir directamente los papeles que interpreta.

No soy de esos que le mandan mensajes insultantes por redes, pero sí me gustaría que supiera que los que valoramos su trabajo desde el principio estamos bastante defraudados por los últimos papeles que está haciendo. Joder, si es que en la última de DC no se salva ni el vestuario ni los efectos especiales. El meme ese en que unos jueces de gimnasia rítmica le dan todo dieces a De la Rúa como si fuera Nadia Comaneci es muy cabrón, pero tiene bastante razón.

Tampoco es cuestión de hacer leña del árbol caído. Todo el mundo tiene bajones en la vida y si los rumores son ciertos no me extraña que esté haciendo cualquier cosa que le dé dinero rápido.

Pero me jodería mucho que un talentazo como el suyo se desperdiciara en personajuchos patéticos de pelis palomiteras para pagar la clínica de desintoxicación a la que le han llevado todos esos chupópteros que revolotean a su alrededor desde que le dieron el Globo de Oro.

Casi me da hasta pena. Me imagino al pobre hombre esta noche rodeado de diputadetes provinciales y concejalillos de cultura que nunca han visto una película suya pero que se acribillan a codazos para hacerse un selfi con él solamente porque es famoso.

En fin… en honor a De la Rúa cuando era De la Rúa, voy a volver a ver en el ordenador Iron Times, pero la original, no la bazofia del remake de Disney.