I.6 – Foros y forenses

Además de los datos hasta ahora desconocidos para el público que he ofrecido en la anterior entrega de estas notas indagatorias, en este capítulo voy a seguir mostrándoles hasta qué punto la investigación de mi amigo está avanzada y demuestra que, aunque el programa de sucesos de Antena 2 se empeñe en presentar el caso como obra de un potencial secuestrador sádico y degenerado, no hay ni un solo dato que señale en esa dirección.

A lo que sigue a continuación lo llamaré “la pista forense”, no sin cierto retintín. Y es que todo lo que voy a narrarles en este episodio son pistas obtenidas no por quienes en teoría se suelen encargar de este tipo de pesquisas en asuntos judicializados, sino por mi amigo y su sobrino, de un modo sorprendentemente hábil, en foros de internet y redes sociales.

Si no fuera porque cualquier puede comprobarlo en su blog (pinchen AQUÍ si desean enterarse de primera mano), les prometo que consideraría imposible que un cuarentón como yo haya sido capaz de manejarse con tanta soltura en ágoras digitales que ninguno de los dos habríamos conocido de no ser por todo este asunto del dedo cortado.

Pero el caso es que ha logrado dar con pistas tan relevantes que podrían llevar a la resolución de todo este embrollo y a calmar las aguas del río Pilones que bajan últimamente un poco revueltas por todas las teorías delirantes que están vertiendo algunos de mis colegas menos recomendables.

Y se preguntarán ustedes: ¿cómo es posible que un individuo que no tiene en internet más que un perfil de Facebook haya logrado zafarse entre redes traicioneras y perfiles engañosos hasta dar con una pequeña plazuela cibernética en la que se susurra y se secretea sobre el dedo amputado de Betusta con demasiado conocimiento de causa como para considerarlo un simple foro conspiranoico?

La respuesta a esa pregunta es mucho más simple de lo que parece. La generación X y los primeros milenials ya tenemos hijos o sobrinos centenials, y ellos sí que saben manejarse en todas esas redes de cuyo nombre no queremos ni enterarnos. En el caso de mi amigo Íker, el experto centenial es su sobrino, que estudia 1º de Bachillerato.

Como la mayoría de adolescentes betustenses, este jovenzuelo vive en la esquizofrenia de cumplir con sus obligaciones y sus ocupaciones físicas en la vida real y provinciana de la ciudad y de mantener al mismo tiempo una existencia virtual cosmopolita, hedónica y etérea en las diferentes redes sociales que se van sucediendo en la lista de apps más descargadas.

Yo también lo conozco desde pequeño porque su madre forma parte de nuestro pequeño círculo social. Por eso sé perfectamente que es un chico inteligente y hábil, pero también soy consciente de que es tan poco convencional como su tío. Quizá ese sea el motivo de que se lleven tan bien a pesar de lo poco que le gusta a mi amigo la chavalería de hoy en día.

Ahora que lo pienso, en el fondo no es tan extraño que el chaval haya hecho de cicerone digital a su tío, si ha sido este quien le ha ofrecido las primeras pistas respecto a muchos temas que actualmente le apasionan con esa fiebre irrepetible de los dieciséis años.

De qué otro modo se explicaría si no que un muchacho de instituto lea con pasión libros sobre la I Guerra Mundial o la Revolución Soviética que su profesor de Historia del Mundo Contemporáneo ni siquiera ha visto citados alguna vez. O que pida por su cumpleaños vinilos descatalogados de grupos que se disolvieron décadas antes de que él naciera.

Como investigación en general no puedo poner prácticamente ningún pero a lo que han conseguido tío y sobrino hasta el momento. Sobre su valor judicial no me pronuncio, porque eso lo tendrán que determinar en esa esfera de decisión.

Como investigación periodística tendría que afearles que hayan utilizado un alter ego que podría entrar en contradicción con algunas normas éticas de la profesión, aunque ninguno de los dos son periodistas y, reconozcámoslo, entre medios cuestionables y profesionales dudosos (y viceversa) hemos conseguido que el código deontológico del periodismo sea hoy en día papel mojado.

No sé de quién habrá sido la idea, pero parece que ha sido eficaz: por lo visto a Jenny19 la invitan a sitios a los que otros nicks no podrían ni acercarse. Para sorpresa de nadie, supongo.

Solamente espero que el tío haya sido diligente a la hora de filtrar qué cosas de las que ha recibido Jenny19 ha podido ver su sobrino, no porque se pueda corromper o escandalizar, sino por la triste imagen del género humano que habría obtenido de haber visto (como por desgracia he hecho yo) los buzones de mensajes de esta inexistente jovencita betustense.

En cualquier caso, es encomiable el esfuerzo y el tesón que han demostrado ambos para construir la identidad digital de Jenny y para mantener su coherencia en todas las redes, foros y páginas en las que se ha adentrado en busca de información sobre el dedo amputado.

Aunque la idea de considerar las posibles pistas cibernéticas haya sido de un supuesto nativo digital como el sobrino, para mí está claro que la construcción del personaje-anzuelo, el diseño de toda la operación de ingeniería social y las estrategias retóricas y manipulativas de su discurso son responsabilidad del tío, quien, aunque no haya sido nunca un estudiante brillante, sí les puedo asegurar que es una de las personas con mayor capacidad dialéctica innata que he conocido en mi vida.

Si piensan que el cebo digital de Jenny ha consistido en algo similar a los recursos publicitarios actuales en Internet están totalmente equivocados. No he encontrado ni una sola foto suya en su perfil de Instagram, ni hay bailes provocativos en su Tik-Tok, ni he podido localizar mensajes insinuantes de ningún tipo. Eso no ha sido óbice para que la pobre Jenny tenga los buzones privados de todas sus redes lleno de mensajes guarros y fotos obscenas. Cero unidades de sorpresa, dirían los chavales. Millones de unidades de desolación, digo yo.

Podría decirse que toda la investigación se ha basado en conversar digitalmente, algo que, aunque resulte inverosímil, mi amigo y su sobrino han demostrado hacer realmente bien, a pesar de que mi amigo en reuniones sociales puede parecer hosco como conversador informal y en ocasiones resultar abiertamente hostil. Sin embargo, en todas las charlas digitales que he leído, Jenny19 destaca por haber sido extremadamente convincente en sus puntos de vista y muy diplomática en el manejo de los mensajes de acosadores de todo tipo.

Por eso no me extraña que, con un poco de ayuda tecnológica para gestionar los centenares y centenares de mensajes recibidos, hayan logrado desenvolverse eficazmente dentro de la conversación digital en torno al dedo cercenado del parque del Pilones, que seguramente sea el asunto betustense que más tráfico en internet ha generado en años.

No puedo ofrecer todos los datos que han conseguido mi amigo y su sobrino porque no quiero poner en riesgo la investigación policial, pero sí puedo adelantar que en cierta red social hay conversaciones llenas de detalles muy relevantes con la etiqueta #eldedodeldiablo. Y también puedo contar que, a través de una serie de intercambios de mensajes privados con algunos de los usuarios de ese hashtag, mi amigo ha llegado a establecer una teoría que podría explicar algunas de las incógnitas que los investigadores oficiales del caso y los periodistas que lo siguen albergan en torno a este macabro hallazgo reciente.

Tampoco quiero engañar a nadie: son hipótesis que, a no ser que puedan verse refrendadas por una ingente cantidad de pruebas, todo el mundo considerará inverosímiles y fruto de la mente demasiado imaginativa de algún escritor frustrado de novela negra.

Mañana, a modo de suplemento dominical, les mostraré algunas de esas pruebas. Como comprenderán, solamente revelaré material que no comprometa el resto de investigaciones pendientes, de modo que estas mis inclasificables publicaciones a medio camino entre lo periodístico, el true crime y la autoficción no puedan en ningún momento ir en perjuicio del esclarecimiento total de los sucesos.