Actualizo brevemente con información de esta misma mañana porque veo que el interés por el caso y por este espacio no deja de crecer. Ya casi trescientas cincuenta visitas: ¡gracias!
Cuando se quiere dar a entender que es mejor mantener ciertos asuntos entre pocas personas, a veces se dice que dos son compañía y que tres son multitud, o algo por el estilo.
No creo que ni mi amigo ni yo seamos las personas más apropiadas para utilizar esa frase hecha, porque a ambos el número dos ya nos resulta habitualmente demasiado elevado para la mayoría de actividades humanas que toleramos.
En mi caso, hago numerosas excepciones por motivos profesionales, pero reconozco que en asuntos personales o delicados procuro mantenerme siempre que es posible en una estricta individualidad.
Mi amigo hace años que dejó de preocuparse por aparentar cualquier interés hacia los demás, salvo en los contados casos de personas que nos consideramos uno de los suyos.
Pensándolo bien, ¿para qué querría forzar contactos sociales alguien que disfruta de la soledad y que no necesita romperla diariamente para buscarse las lentejas?
Es evidente que para él una de esas situaciones debe ser la obsesión detectivesca, pues, de no haber mediado todo este tema del dedo del diablo, jamás me habría imaginado que podría encontrármelo a media mañana en un parque hablando largo y tendido con otras dos personas.
Nada más acercarme me presentó a una de ellas: Á. L., el ya mencionado jubilado y testigo tempranero e inconsciente del apéndice amputado y perdido en el parque.
La otra persona ya la conozco desde hace mucho tiempo, y, de hecho, algunos meses hablo más con él que con mi amigo. La opinión pública betustense no es demasiado consciente del trabajo incansable que hacen algunos de los funcionarios que trabajan en el municipio, así que dudo mucho de que la ciudadanía esté al tanto de la perspicacia del inspector V., con quien mi amigo y el protodescubridor del dedo formaban un insólito triángulo dialógico.
No voy a quejarme a estas alturas de la mala fama que tenemos últimamente los periodistas entre algunos sectores de la sociedad, pero me sorprendió que el inspector se callara inmediatamente en cuanto me vio aparecer y que el testigo que parecía estar siendo interrogado alalimón por los otros dos conversadores insistiera en que no quería salir en ningún sitio hasta que logré convencer a los tres de que toda su conversación quedaría estrictamente off the record.
No me juzguen antes de tiempo: al escribir estas líneas no he roto ese compromiso, ya que todos y cada uno de los vértices del triángulo de interrogatorios cruzados que estaban sucediendo en torno a un banco del parque del Pilones han accedido a que dé a conocer los términos de su diálogo en aras de desenredar la farragosa madeja en que se ha convertido este caso.
Para que se entienda mejor la situación: mi amigo estaba intentando sonsacar al inspector V. datos sobre la investigación policial sin revelar la información que Á. L. le acababa de dar; V. trataba de averiguar si mi amigo tiene algún interés oculto en toda aquella situación o si quizás podría estar implicado en ella de alguna manera; y el jubilado quería enterarse de todo lo que a los anteriores pudiera escapárseles en un momento de despiste.
Era comprensible que ninguno de ellos quisiera que un periodista metomentodo asistiera a su particular juego de palabras medidas y calculados mutismos.
Y para mí también era esperable que ocurriera lo que ocurrió. El más versado en las preguntas, que era el inspector, obtuvo respuestas del más proclive a las palabras, que era el jubilado, y el más hábil en los silencios, que era mi amigo, consiguió lo que quería, que era constatar que la Policía no sabía más que él sobre el hallazgo del dedo y que había una gran presión para que el caso se mantuviera con un perfil bajo hasta que la atención del país regresara a la capital una vez clausurada la gala de entrega de premios de la Fundación.
Por mi parte, confieso que esta mañana no tenía muy claro qué es lo que quería yo y que ahora mismo sigo bastante confuso con todo esto.