I.20 – Punto en boca

Lamento informarles de que esta será mi última publicación en este espacio hasta nuevo aviso.

Los motivos de esta decisión son varios. El primero de ellos es mi voluntad, expresada explícitamente hace tiempo, de utilizar esta plataforma para contribuir a demostrar la inocencia de mi amigo Íker Rebollo en el llamado caso del “dedo del diablo”.

Una vez comenzadas las actuaciones judiciales, la defensa legal del acusado considera que toda información relevante para el esclarecimiento de lo ocurrido debería trasladarse directamente al procedimiento de forma que se preserve al máximo el secreto de sumario decretado por la Jueza encargada del asunto. Por mi parte, voy a seguir esta directriz; sé que otros muchos no van a respetar los dictámenes de la magistrada, pero no me importa. Confío en que el ruido que generan a diario ciertos medios no perturbe el proceso.

El segundo motivo de mi decisión es estrictamente personal. Se me ha advertido de un modo bastante convincente de que no debo seguir interesándome por ciertos detalles del caso, pues mi propio bienestar y la suerte judicial de Rebollo están en riesgo si revelo ciertas conclusiones a las que he llegado pero que, aunque quisiera, no podría publicar porque aún no he podido corroborarlas.

No sean hipócritas, ustedes también sentirían miedo o, cuando menos, cierta preocupación si alguien desconocido le hiciera llegar un mensaje de advertencia a través de una persona que en principio nadie debería conocer fuera de su entorno personal y familiar más cercano.

Quizás explicarles lo que acabo de contar no haya sido prudente, pero he acabado sintiendo cierta conexión con la audiencia de este blog que nació casi como diario personal pero que ha llegado a tener un número de lectores bastante importante teniendo en cuenta los datos actuales para este tipo de publicaciones.

Esta complicidad es la que me ha movido a justificar con total transparencia el final de estas contribuciones periódicas, pues ni la prudencia ni la conveniencia apuntarían en principio en este sentido.

De todos modos, todas esas personas que me han hecho llegar sus consejos bien o malintencionados con todo tipo de argumentos a lo largo de estas semanas deben saber que un periodista, aunque trabaje en un pequeño medio local, ha de lidiar a diario con presiones mucho más preocupantes que los mensajes que he podido recibir (a excepción del último que ya he mencionado, por supuesto).

En todos esos casos anteriores en general y en este último en particular, Rubén Martín, el que suscribe estas líneas, tiene muy clara la forma de actuar que debe adoptar un profesional de la información que aún quiere conservar cierta dignidad en el ejercicio de su trabajo: por un lado, confrontar directamente las amenazas a uno mismo como informador individual o al medio de comunicación en su conjunto y, por otro, rechazar explícitamente todo intento de influir de forma indebida en cualquier noticia.

Me permitirán que en el caso de la última amenaza no me explaye en la confrontación ni en la denuncia, que ya bastante arriesgado creo que es reconocer públicamente su existencia, aunque sí voy a hacer algo que espero que garantice que, si algo sospechoso me ocurriese a mí o a alguno de mis seres queridos, las autoridades investiguen quién se esconde detrás del pseudónimo digital que hizo de mensajero de la advertencia que acabó llegándome a través de una persona que lamentablemente se ha visto comprometida en todo este embrollo y de cuya relación conmigo nadie a priori debería tener conocimiento.

Pekeña_Magia [@pknamagia] (2024, 3 de junio). “Quien se interponga entre nosotros y la libertad q es nuestro destino será apartado de un manotazo#eldedodeldiablo” [Imagen de un célebre futbolista haciendo un inequívoco gesto de amenaza de degüello a la afición rival tras un partido]. [Fotografía de un portal con un número perfectamente identificable].


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