Y es, por supuesto que es. Me refiero a que la publicación de ayer terminaba con una duda amarga: “Mañana será otro día, si es”.
Y lo es, especialmente después de lo que seguramente ya habrán leído en sus pantallas o, los menos, en las páginas de La Nueva Betusta.
Exclusiva: ha aparecido otro dedo seccionado en el parque del río Pilones, muy cerca de donde Á. L. F. vio ‒sin saber lo que era‒ el que dio origen a todo este embrollo.
Corrijo. Hallado un nuevo dedo amputado al lado del Pilones. Este es el titular exacto. Léanlo en la página 4 del periódico. Si no, búsquenlo en la página web del diario, el titular de la noticia aparece en letras bien grandes y con fotografía. En letra muchísimo más pequeña aparece mi nombre. Por ese motivo podrán ustedes saber que todo lo que voy a explicar a continuación no es el parecer infundado de un tertuliano de la capital que no ha pisado Betusta en su vida. Por si acaso les dejo aquí el enlace (pinchen sin miedo, es gratis): https://www.lanuevabetusta.es/es/20240527/halla-nuevo-dedo-amputado-al-lado-del-pilones.html
Vaya por delante que el título de esta pieza y lo que voy a exponer en el párrafo siguiente no es más que un juego literario que no me resisto a introducir ahora que he descubierto que dejarme llevar por la prosa recreativa en este espacio hace que aumenten notablemente las visitas. O quizás el aumento de audiencia haya venido por el reportaje sensacionalista sobre Cris y Jess en el programa “de investigación” de LaQuintaTV y por los vídeos de ellas que utilizaron para ilustrar sus perfiles personales. (Por cierto, Jess me acaba de escribir para decirme que sus ingresos ayer en sus redes de venta de contenido fueron el equivalente a lo que suelen obtener en dos o tres meses, así que gracias al equipo de producción de Investigando de parte de las vecinas de Rebollo).
Contra las conjuras, conjuros. Tantos se habían conjurado contra un inocente que el inocente aún está en prisión provisional a causa de la alarma social generada precisamente por muchos de los conspiradores voluntarios o involuntarios. Pero tanta injusticia ha invocado al único poder que parecía ya ser capaz de ayudar a Rebollo: el Azar. Si los poderes fácticos y visibles de Betusta habían dado la espalda a Íker con indignante ligereza y sin ninguna causa, la Casualidad ha llegado al rescate, conjurada por nadie sabe quién.
Tras el párrafo de marras y mis recientes excursiones poéticas por los cerros del Parnaso, regresemos por un momento a la prosa neutra y aséptica que creo recordar que me enseñaron en la facultad.
Dado que el único imputado por los hasta ayer mal llamados “crímenes del dedo del diablo” (solamente había uno) es Íker Rebollo y que este sigue en el Centro Penitenciario de Cabuernes, parece del todo imposible que él sea responsable de la segunda amputación digital que conocimos ayer por la tarde y que se ha dado a conocer en los medios de ámbito nacional esta mañana.
Esto abre varias vías de investigación: a) la persona responsable de ambas mutilaciones es la misma y sigue en libertad mientras un inocente está entre rejas por acusaciones infundadas y una especie de linchamiento vergonzoso; b) quien sea responsable de este segundo hecho ha imitado deliberadamente el primer suceso con intenciones que aún no se conocen; c) el actual acusado cuenta con cómplices que han perpetrado un segundo cercenamiento para intentar exonerarlo del primer crimen; d) otras que se les puedan ocurrir a los invitados de Próximo Confín o de Investigando y que una persona cuerda es aún incapaz de concebir.
Como colaboración con las fuerzas y cuerpos de seguridad y como medida de autodefensa, declaro voluntariamente a través de este medio y volveré a declarar donde y cuando proceda que ayer estuve en la redacción del periódico desde las 15:58 h. (hora en la que regresé después de comer en el Acapulco con mi colega de La Voz de Betusta Víctor Suárez) hasta las 19:37 h., momento en que la abandoné para acudir al paraje del parque del río Pilones en el que, según una de mis fuentes policiales, se había descubierto en torno a las 11:30 horas un dedo cortado sobre la hierba. Todo ello verificable por los sistemas de control y registro de la jornada laboral, por supuesto. Y por la mañana, básicamente lo mismo, lo normal para un día laborable cualquiera.
También con un ánimo únicamente constructivo me gustaría señalar ‒y esto ya es una opinión personal‒ que los crímenes de imitación suelen producirse en relación con hechos especialmente impactantes o llamativos, categoría en la que quizás sea demasiado atrevido incluir una situación como esta que, hasta que se demuestre lo contrario, bien podría ser fruto de un accidente doméstico o laboral.
Por cierto, esa podría ser una quinta opción que no mencioné anteriormente: la amputación accidental, en cuyo caso esperaría y desearía que la persona que la hubiera sufrido se recuperase de la mejor forma posible y que pasara a reclamar sus falanges perdidas por el departamento de medicina forense del hospital local. Y, del mismo modo, si el primer dedo se hubiera separado de su correspondiente mano por algún tipo de accidente, nunca es tarde si la dicha es buena; es decir, podría reclamarlo y, aunque tantos días después sea médicamente imposible reimplantarlo, podría guardarlo en casa en un bote de formol con el que deleitar a sus visitas y, de paso, excarcelar a un inocente de una vez por todas y definitivamente.
¿Qué vía de investigación se acabará imponiendo? Lo veremos, y tengan por seguro que podrán ir sabiéndolo a través de este espacio minuto a minuto (o, mejor dicho, día a día, que sinceramente no estoy en condiciones de hacer una cobertura en tiempo real de nada, y menos de algo de fuera del trabajo).
