Hay que tener amigos hasta en el infierno, dicen que dice ese refranero popular que todos citamos de vez en cuando. Aunque aceptar la existencia del inframundo parece hoy en día una pirueta intelectual demasiado atrevida cuando ya casi ni los curas creen en la condenación eterna.
En cualquier caso, siempre trato de poner en práctica este consejo porque lo veo útil y sensato, a pesar de que la mitología escatológica judeocristiana esté en franca decadencia en detrimento de relatos más coloridos como el Ragnarök escandinavo o de apocalipsis colapsistas vinculados con tecnodelirios sobre la terraformación de algún planeta o los viajes intergalácticos.
Así que, aunque Dante esté esta temporada menos de moda que las camisas con chorreras, tengo unos cuantos contactos de mi agenda en la “I” de “infierno” o de “inframundo”.
No voy a exagerar: la asociación micológica de Betusta no es el Tártaro, pero tampoco es una fiesta, que quede claro. Y su presidente no es Hades, por mucho que queramos sobredimensionar hiperbólicamente lo plomizo de su carácter o la lobreguez del bajo desde el que ejerce su oscura majestad.
Si tuviera que identificarse con alguna figura mitológica, Don Herminio Yagüe seguramente lo haría con Ulises, que gracias a una misteriosa planta pudo librarse del hechizo farmacológico de Circe que había convertido a sus hombres en cerdos. Don Herminio se considera a sí mismo uno de los últimos guardianes de los conocimientos tradicionales sobre flores, setas, hojas y hongos que aparecen en los bosques y prados norteños. Y lo es, a fe que lo es.
Estirando un poco el símil también podría decirse que el señor Yagüe está, como el Laertíada, en pleno viaje de regreso hacia su reino amenazado por arribistas y oportunistas, pues en la próxima asamblea general de la Sociedad Micológica Betustense se debatirá la renovación total de la junta directiva, asunto cuya cobertura periodística me puso en contacto hace un par de meses con nuestro odiseo de cesta de mimbre y navaja curva.
Prosigamos con la alegoría homérica como forma de darle hálito épico a esta investigación seudoperiodística y parapolicial a contracorriente: Ulises Yagüe, el micólogo en jefe amenazado por una inminente moción de censura organizada por un par de vocales díscolos de su junta directiva, ha tenido la fortuna de toparse con este Alcínoo improvisado que, si bien no es soberano feacio, sí ha devenido sobrio y fehaciente oyente de cualquier confesión, historia o anécdota acerca de setas, hongos y esporas o sobre actas, órdenes del día e impugnaciones.
Tan entusiasmado se muestra habitualmente el señor Yagüe con sus conspiraciones palaciegas y sus caracterizaciones micológicas que, tan solo con una mínima alusión a la especie conocida como “dedo del diablo”, he conseguido una extensa y detalladísima descripción de esta especie, de su llegada como especie invasora y de su lenta extensión por ciertos parajes con características edafológicas y ambientales muy concretas.
Para no alargarme en esta entrada con detalles que quizás no tengan importancia, les resumo: el Clathrus archeri o “dedo del diablo” es un tipo de hongo originario de Oceanía que se introdujo en Europa a principios del siglo XX y que se ha ido extendiendo muy lentamente por zonas húmedas cercanas a ríos y prados.
¿Y qué relación podría tener esta seta maloliente y de aspecto amenazador con el caso del dedo amputado del que las autoridades han hecho responsable a un inocente?
Quizás alguna o quizás ninguna. De momento, gracias a la locuacidad épica del señor Yagüe hemos llegado a saber que esa pista fúngica que hace unos días no era más que una coincidencia nominal que dio inicio al delirio periodístico que ha terminado con el pobre Rebollo en prisión podría llegar a tener cierta relación con las riberas del Pilones, aunque no sea más que como hábitat potencial.
De ahí a que sea un rastro que conduzca a novedades relevantes o no hay un largo trecho que con sumo gusto y escasa esperanza recorreré, por la inocencia de Rebollo y por compromiso con la verdad (sea lo que sea eso en estos tiempos delicuescentes).
