Así ha titulado la edición online del diario La Nueva Betusta una de las noticias de portada del día de ayer. El periodista de sucesos del periódico, Rubén Martín, la ha firmado con su nombre real, pues el redactor jefe insistía en que da mucha confianza al lector y mucho prestigio dentro del sector el hecho de que las informaciones relevantes cuenten con la autoría identificable de un periodista de la casa, independientemente de que su verdadero origen sea, como ocurre tan frecuentemente en estos tiempos, alguna nota de agencia o la última tontada en redes.
En este caso, la noticia ha sido, sin que sirva de precedente, escrita al 100% por la persona que la firma, sin una sola línea de parafraseo del estilo maquinal de los teletipos y sin kilométricas declaraciones entrecomilladas extraídas de algún comunicado de prensa. Una de esas escasas oportunidades de ejercitarse como periodista en una publicación de una ciudad pequeña, para suerte y regocijo de su autor.
No obstante, por desgracia para ese redactor y para quien suscribe estas líneas, que en realidad somos la misma persona, esta preocupación no se aplica a otras secciones del diario en las que con poner R. M. es suficiente, o en las que esas iniciales se transforman en Rocío Muñoz para la sección del corazón o en Ricardo Mínguez para las crónicas deportivas. Miserias del periodismo precario de provincias; no sufran, estamos acostumbrados.
También estamos acostumbrados a los nuevos usos informativos que tan poco tienen que ver con lo que en algún momento se asoció con las buenas prácticas del oficio. Por ejemplo, en La Voz de Betusta no tardaron ni media hora en publicar en su página web un refrito firmado por V. S., que a partir de ese momento oficialmente adeudó (y ayer ha pagado religiosamente) a R. M. una cerveza en el Acapulco, según dicta el código no escrito de los periodistas betustenses. Los agravios a que obligan los generales en sus despachos los desfacen los soldados en la cantina.
Los digitales ni siquiera se han tomado la molestia de remedar ligeramente el texto de Víctor en La Voz, simplemente lo han copiado y pegado en sus webs con el total descaro a que acostumbran los medios que no tienen el respaldo de una cabecera de papel y lo que eso conlleva en forma de suscripciones y publicidad institucional. Eso sí, cada uno de los tres diarios online de la ciudad ha adaptado el titular de la noticia a su estilo particular: “Paseaba por la orilla del Pilones y no creerán lo que encontró”, “Localizan un cadáver mutilado en el centro de Betusta” y “Descuartizamiento: la inseguridad en Betusta crece desbocada”.
Nada nuevo, dirán ustedes. Por desgracia, digo yo. “No creerán lo que encontró” ha titulado el cachondo de Joaquín: la cartera de un alien con su DNI de extraterrestre dentro, no te jode…
Ayer no pagué ni una ronda: clickbait, culín y bite. Por haber escrito semejante mierda se habría merecido que las tapas hubiesen sido jamón y tostas de pulpo y que le hubiésemos hecho pagar, en lugar de una botella de sidra para todos, una caja entera para cada uno, pero al fin y al cabo es colega y ya sabemos que el oficio está fatal.
Claudia no se ha quedado atrás. Llamar “cadáver mutilado” a un dedo cortado es exagerar un poco, me parece. Al leer ese titular cualquiera pensaría que Jack el Destripador anda suelto por Betusta, cuando quién sabe si en realidad el dedo se lo ha cortado accidentalmente un carnicero troceando el costillar de un gocho o si un operario del ayuntamiento ha tenido un percance con una motosierra trabajando en la limpieza de la orilla del río. De hecho, ayer Claudia pagó sin rechistar tres raciones de rabas por tamaño crimen periodístico. No obstante, la inquietud ya ha arraigado, porque las señoras que meriendan a diario en el Acapulco anoche estaban todas aterrorizadas pensando que un malvado asesino en serie iba a asaltarlas en el parque al volver a casa para partirlas en cachines por pura diversión.
Covadonga, en cambio, me dio pena. Con lo buena persona que es, seguro que se le está formando una úlcera enorme en el estómago por tener que escribir las burradas alarmistas que le pide el facha de su jefe. El tío no puede ser más cabrón, pero es listo, eso sí: hoy en día, si eliges bien las palabras, la gente acaba creyendo lo que recibe en sus móviles, aunque la realidad indique lo contrario.
Si todas las semanas deslizas ciertas palabras estratégicamente, “descuartizamiento” acaba significando en la mentalidad de la gente “pandilleros con machete” y se crea el temor a una tremebunda amenaza formada por hordas de jóvenes armados como guerrilleros en medio de la selva amazónica que nadie ha visto nunca pero que sin lugar a dudas están ahí, acechando escondidas entre los setos del parque. Y la inseguridad “crece desbocada” en cada noticia, sea de Betusta o sea de Chicago, no porque los datos de la policía y de los jueces lo señalen (que en nuestra ciudad no lo hacen), sino porque la publi se mide en clics y el miedo es una de las cosas que más atrae la atención en este mundo.
La tele local ha estado esta mañana grabando algo en el parque, pero se ha limitado a mostrar el lugar en el que ha aparecido el dedo y a entrevistar a dos o tres personas que paseaban por allí y que han confirmado que es un lugar muy tranquilo en el que nunca había pasado nada raro.
Así pues, dentro del mundillo periodístico betustense de momento el único que tiene información de primera mano sobre ese dedo cortado que ha encontrado ayer por la mañana una pareja que había salido a correr por el parque de la orilla del Pilones soy yo, Rubén Martín, para servirles.
Respecto a la información que maneja la policía, debo desconocerla oficialmente para salvaguardar el anonimato de mis fuentes, aunque en realidad no lo hago porque en Betusta todo se sabe si uno pregunta a quien hay que preguntar.
Si hay alguien ahí al otro lado de la pantalla, no esperen grandes primicias ni revelaciones sorprendentes, pues este blog no es más que una especie de desahogo personal, porque ya casi nadie lee nada fuera de redes sociales y no creo que haya muchas personas a las que les interesen especialmente los pormenores de un suceso insignificante como este en una pequeña ciudad de provincias como esta. Y también es una manera de que mi amigo Íker pueda leer aquí lo que se vaya sabiendo sobre el tema y deje de llamarme cada dos por tres para preguntarme si me he enterado de alguna novedad. (Búscate un curro, cabrón :P)