No sé si he sido capaz de articular mis intuiciones sobre teoría literaria de un modo lo suficientemente sólido como para exponerlas en forma de justificación artística para este proyecto.
En cualquier caso, no es algo que me quite el sueño, porque en estos momentos el principal objetivo de la escritura para mí es el placer que me produce ir desarrollando poco a poco una idea inicial que me resulta divertida hasta que adquiere cierta dimensión.
Entonces llegan los problemas. En primer lugar, las eternas dudas: ¿lo que he ido escribiendo merece ser dado a conocer?, ¿a alguien le interesará?, ¿quién podría querer publicarlo?
Después vienen las reticencias desde el punto de vista teórico: ¿y esto que he escrito qué diantres es?, ¿a qué lector tipo podría acabar dirigiéndose?, ¿alguna vez seré capaz de escribir algo medianamente normal?
La primera oleada de inseguridades creo que en el fondo ya la había superado al comenzar a escribir con la elección del formato blog para llevar la narración. Como exbloguero, tengo la experiencia de escribir por el mero gusto de hacerlo, sin intermediarios, con la única pretensión de que quizás haya al otro lado de la pantalla algunas personas con interés en lo que pueda contar.
La segunda tanda de interrogantes se ha ido resolviendo sola a lo largo de la escritura. En la página de inicio ya se dice claramente. Es una novela negra, pero no lo es, por varios motivos que no puedo desvelar para no interferir con la lectura de la obra. Podría tener algo que ver con el periodismo de sucesos, pero en realidad importa mucho más lo que ocurre entre bambalinas que lo que se acaba publicando en los medios. Tiene algo de blog, obviamente, pero hay un hilo narrativo y se emplean algunos recursos que podrían remitir a subgéneros novelísticos como el epistolar, por ejemplo.
Soy plenamente consciente de que la hibridación genérica y la exploración de sus límites son algunos de los recursos habituales de la novela desde su creación, se sitúe esta donde cada uno quiera situarla.
Lo que no tengo tan claro es si un texto narrativo que abandone el formato del libro impreso puede seguir considerándose una novela. Lo de «noblogla» es ciertamente una tontería, pero ha sido la mejor forma que se me ha ocurrido de transmitir esta duda.
De hecho, había pensado que, aprovechando el formato digital de este proyecto, podría abrir un foro de debate para que las personas que lean esto puedan exponer cuáles son sus ideas al respecto. Sin embargo, estoy tan cansado de la constante presión actual para que opinemos sobre todo lo que ocurre a nuestro alrededor y para que valoremos cualquier interacción que tenemos con nuestro entorno que solamente me lo plantearé si hay alguna petición en este sentido.
En resumen, si aceptamos estas palabras (traídas un poco por los pelos, pero tendréis que reconocer que como argumento de autoridad para finalizar estas líneas funcionan de maravilla) de Aguiar e Silva en su Teoría de la literatura (Madrid, Gredos, 1999, p. 176):
Por consiguiente, los elementos genéricos que fundamentan el género literario así entendido pertenecen tanto al dominio de la forma interna —visión específica del mundo, tono, finalidad, etc.—, como al de la forma externa —caracteres estructurales y estilísticos, por ejemplo.
me gustaría pensar que este experimento es una pequeña, humilde e imperfecta respuesta a las incertidumbres —también estéticas— a las que parecen abocarnos estos tiempos extraños.